—Te comportas como nueva, pero tu piel y tu acento delata que eres de por aquí —dijo la chica mientras le daba una mordida a mi comida—. Está bueno.
Su apariencia era la de una indigente y su actitud arrogante me dio desconfianza. De seguro era una de las carteristas de la ciudad.
—Parece que se te olvida que así son las cosas aquí —dijo una vez que se acabó el bocadillo—. Te daré un consejo, no puedes ayudar a quienes han decidido compartir la cama con el enemigo.
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Esa noche no pude dormi