Después de unos días de descanso en el hospital, llegué a mi departamento. Justo en la puerta había un arcón lleno de cosas para la bebé, desde ropa hasta pañales, juguetes y talco.
—¡Wow! ¿Quién será el benefactor? —preguntó Samar levantando la canasta―. Todo esto es muy caro.
Guardé silencio y entré a mi hogar, estaba cansada y quería ver a André. Deseaba presentarle a su hermanita. No tenía tiempo de hacerme ideas, pero solo podía pensar en dos posibles hombres: el desconocido que me salv