Golpeaba mi pie contra la baldosa una y otra vez, daba uno que otro suspiro y observaba hacia la ventana, estaba completamente demente.
Lo sabía perfectamente, pero si no lo hacía, si yo no tomaba el toro por los cuernos, sabía muy bien, que todo sería un desastre y que al final todo terminaría mal.
No solo para él, también lo sería para nuestros hijos, por lo que di otro de los miles de suspiros que he dado y observe de nuevo hacia la ventana.
Pero él no parecía, simplemente estaba sin parecer