Madison
Luego de terminar la primera sesión de terapia con Alec (planeada con las recomendaciones del psicólogo), nos encaminamos a la casa de Patrick.
No puedo mentirme a mí misma, por mucho que intente fingir que no pasa, cada vez que me conecto con él de alguna forma; como cuando tomé sus manos en el jardín de la casa; siento que mi corazón se acelera, el sudor nervioso me corre por la frente y mis mejillas se ponen tan rojas que podría freír un huevo en ellas.
Vamos en el auto en silencio.