Capítulo 79
Augusto llegó al aeropuerto como un rayo, el equipaje de mano balanceándose mientras cruzaba el vestíbulo a pasos largos. Su corazón latía al ritmo de la prisa y la esperanza. No podía perder más tiempo, no ahora que sabía dónde estaba ella.
Subió directo al hangar privado, donde su jet ya lo esperaba con los motores preparados. Tan pronto como entró, lanzó la chaqueta al asiento y se acomodó, ansioso. Miró por la ventana y resopló impaciente, los rayos cortaban el cielo como látigo