Pilar
A pesar de que eso es un hecho, teniendo en cuenta que tendría que estar en la oficina mientras Francisco está allí, que el señor Farías lo señale me trae esa realidad con una claridad deslumbrante. Estaba —estoy— aterrorizada por lo que Francisco pudiera decir de mí. Me estaría poniendo en la línea de fuego, básicamente provocándolo, al estar en su presencia todo el tiempo.
—Pero nunca podrá hacer nada más que eso, no lo permitiré —dice el señor Farías—. Se lo prometo, señorita Silva.
No