MARIO
Pilar y yo nunca logramos llegar a Central Park, lo cual, considerando todo, no fue una gran pérdida. Después del segundo orgasmo, nos duchamos juntos y luego le presté una de mis camisas y un par de bóxers ajustados de un paquete nuevo para que se los pusiera. Se veía tan jodidamente sexy que apenas podía creerlo. Si no fuera por el enorme bostezo que se le escapó, la habría tomado de nuevo, al diablo con la ducha. En su lugar, la atraje de vuelta a la cama conmigo, donde se acurrucó en