Dado que fue directo a por las tijeras, casi me alegro de que Pilar descartara la idea de tener sexo conmigo tan rápido. O me alegraría si no lo hubiera rechazado como si fuera una locura.
No es una locura.
Es la mezquindad más grande que podríamos cometer.
Y verla con esas tijeras, con un brillo rabioso en los ojos, dirigiéndose directo a mi habitación como una especie de villana de película de terror, hace que me den ganas de hacerle todo tipo de cosas mezquinas a su pequeño y ardiente cuerpo