PILAR
Hay algo en ese destello en sus ojos, en esa sonrisa diabólica en su rostro, que me desata. Me acerco al perchero de ropa más cercano: todo es de diseñador, todo cuidadosamente ordenado. Sería tan tentador simplemente cortar y destrozar todo a mi paso, hasta que todo en esta habitación fuera solo pedazos de cinta y confeti.
Pero eso no es tan divertido como una locura metódica y meticulosa.
Tomo la primera prenda: un body blanco con lentejuelas y ribete de plumas. Hago cortes con cuidado,