Los gritos de Henry eran el sonido más doloroso que Leon había escuchado nunca, no podía gritar, su dolor lo paralizó al ver a Derek caer al suelo, Leon miró al francotirador y corrió con el escudo en sus manos hacia el cuerpo de Eiras, quien sostuvo el arco, luego lo decapitó con el escudo, con tanta fuerza y rabia que la sangre le salpicó el rostro, y eso no fue suficiente, nunca lo sería, el dolor de su corazón no se podía borrar.
Henry corrió a tiempo para sostener la cabeza de su hermano