A las seis de la mañana, las cortinas ya no estaban sobre el gran ventanal, Leonel ya las había separado provocando la entrada al radiante sol de la mañana.
Se había despertado, como de costumbre, estando en la máquina trotadora mientras veía dormir plácidamente a su niña, a su hermoso cielo, ese que deseaba ver cada mañana en su cama sin nada de ropa en su cuerpo.
Una sonrisa se le dibujó al recordar la ardiente madrugada que habían tenido, solo pensar en eso, su cuerpo reaccionaba.
Miro la