Más tarde ese día… Estaba parada frente al espejo, ajustándome el vestido por tercera vez.
—Vas a estar bien —dijo Kelvin desde atrás de mí, ya vestido y luciendo… irritantemente perfecto.
Lo miré a través del espejo.
—Qué fácil es decirlo para ti.
Se acercó y apoyó suavemente su barbilla en mi hombro.
—Estás pensando demasiado otra vez.
—No es verdad —murmuré—. Tu madre no es alguien a quien se pueda tomar a la ligera.
Él soltó una risa baja.
—Sobrevivirás.
Me giré y le lancé una mir