Unos días después…
La empresa por fin había vuelto a la normalidad. El proyecto que casi se pierde se recuperó, y nuevos acuerdos empezaron a llegar uno tras otro. La oficina estaba animada de nuevo. La gente sonreía, conversaba e incluso reía con alegría.
—¡Lo lograste!
—¡Lo logramos!
—Hmm, ¡miren quién solía dormir mientras trabajaba!
—¡Cállate! Si no te hubiera enseñado a editar un contrato, ¡ya te habrían despedido! —seguían discutiendo una y otra vez.
Esas eran las voces que llenaban