Capítulo 83 —El Peso de una Palabra
El eco de la pregunta de Pedro quedó flotando en el salón principal como una granada a la que le hubieran quitado el pasador. Maribel sintió que el pulso se le detenía por completo. El pánico, frío y agudo, le atenazó la garganta, impidiéndole articular una sola palabra. Sus ojos oscuros, cargados de una súplica silenciosa, buscaron de inmediato a Sergio. El arquitecto permanecía rígido junto a ella; la mención de las palabras de los guardias lo había golpeado