Capítulo 44 —El peaje del orgullo
El regreso al hotel se pareció demasiado al repliegue de dos ejércitos que sabían que la tregua había sido una anomalía. Maribel cruzó el umbral de su suite escoltando a Pedro, quien ya arrastraba los pies por el cansancio del paseo, mientras Sergio se desviaba hacia su propia habitación con un asentimiento de cabeza tan breve que pareció un espasmo. Las puertas pesadas de madera noble se cerraron, aislando a cada uno en su respectivo territorio.
Maribel dejó s