Capítulo 19 — El Rastro de Pólvora
El silencio de la habitación se rompió no con un grito, sino con un suspiro quebrado, un sonido tan tenue que parecía el roce de un ala de mariposa contra el cristal. Pedro abrió los ojos. No hubo un reconocimiento inmediato del entorno, solo una dilatación violenta de sus pupilas grises que reflejaban un terror primario.
Maribel, que dormitaba con la frente apoyada en el borde del colchón, se incorporó de un salto. Sergio, que estaba de pie junto a la ventana