33. Gato por liebre.
Cuando el abrazo se disolvió, Sofía pudo sonreír con más tranquilidad. Limpió sus ojos con el dorso de su mano y le ofreció una sonrisa más relajada a Enzo que parecía conforme al verla tranquila.
—Niños… ¿Quieren ir a los juegos? —preguntó Enzo regocijándose con la emoción de los mellizos.
—¡Sí! —respondieron al unísono al mismo tiempo que Sofía tomó la caja de galletas y la volvió a cerrar.
—Desde aquí los veo —dijo Sofía sentándose en la banca mientras los pequeños se levantaban de un brinc