Mundo ficciónIniciar sesiónAdam se mantenía sentado cómodamente mientras el barbero pasaba la filosa navaja por su cuello, quitando el exceso de barba. Esos ojos azules de los mellizos no abandonaban su mente. Estaba seguro de que eran sus hijos, pero no sabía cómo enfrentar el tema con Sofía, no quería perderlos antes de recuperarlos.
De pronto un alma en pena atravesó la puerta de su habitación, la vio por el reflejo del espejo. No se asustó, por el contrario, parecía tenerle lástima. La pálida Pía se sentó e







