No debería haber vuelto con él esa noche. Después de ver a Petrov. Después de entender que ya no era solo una coincidencia. Pero ahí estaba, en el departamento de Adrián. Otra vez.
—No deberías estar aquí —dijo, sin mirarme, mientras sus palabras flotaban en el aire como un eco del peligro que nos rodeaba.
—Y aun así me trajiste —respondí, con una mezcla de desafío y resignación.
El silencio se apoderó de la habitación mientras él se quitaba el saco con movimientos tensos, cada gesto cargado de