PUNTO DE VISTA DE ELARA
Apenas duermo. Cada vez que cierro los ojos, me veo de nuevo en ese coche, sintiendo el pulgar de Sebastián en mi mejilla, viendo cómo se oscurecían sus ojos, tan cerca que podía oír los latidos de su corazón. Pero entonces llega el agudo dolor de su alejamiento, su voz se vuelve fría y distante, como si nada de eso importara.
Siento como si estuviera jugando, tratándome como si fuera una pieza más en un tablero de ajedrez. Por la mañana, me he convencido a mí misma de