PUNTO DE VISTA DE ELARA
Apenas duermo. Cada vez que cierro los ojos, me veo de nuevo en ese coche, sintiendo el pulgar de Sebastián en mi mejilla, viendo cómo se oscurecían sus ojos, tan cerca que podía oír los latidos de su corazón. Pero entonces llega el agudo dolor de su alejamiento, su voz se vuelve fría y distante, como si nada de eso importara.
Siento como si estuviera jugando, tratándome como si fuera una pieza más en un tablero de ajedrez. Por la mañana, me he convencido a mí misma de que las emociones que sentí en ese momento eran solo producto de mi imaginación, provocadas por la adrenalina de lidiar con Ryan y el alivio de que alguien finalmente me defendiera. Pero ¿por qué me sigue doliendo el pecho?
El desayuno es tan incómodo como esperaba. Sebastián ya está en la mesa, concentrado en una tableta. Levanta la vista cuando entro y, por un instante, veo algo en sus ojos que parece arrepentimiento. Pero luego desaparece, sustituido por una distancia cortés.
—Buenos días —di