Capítulo 23
La llamada llegó justo cuando Clinton se acomodaba en la tranquilidad de su oficina; el zumbido del aire acondicionado era el único sonido que lo acompañaba. Su teléfono vibró mientras ponía los ojos en blanco, observando su silenciosa oficina. Era Natasha. Frunció el ceño, confundido y culpable, y luego contestó. “Hola, cuánto tiempo”.
“¿Has oído bien?”. “He estado muy ocupada”. “No te culpo, siempre me dejas para el final”. “Date prisa. Estoy ocupada”. Hizo una pausa para tomar a