AMARA
Mi vestido se empapó con algo cálido. Escuché el sonido del agua antes de abrir siquiera los ojos.
Me desperté jadeando, todo el cuerpo sacudiéndose de golpe, y por un momento no supe dónde estaba ni cómo había terminado en el suelo del corredor con la mejilla presionada contra la piedra fría.
Entonces recordé.
Esa maldita hierba.
Yo en la habitación de Maddox, arrastrándome por el suelo como una criatura que había olvidado su propio nombre. La vergüenza me golpeó casi tan rápido como la