Silvia suspiró profundamente mientras se limpiaba las lágrimas. Estaba agarrando la palangana con fuerza mientras sus ojos permanecían fijos en su reflejo en el espejo. Estuvo cerca. Rasmus seguramente le hizo un buen truco. Lo manejó esta vez, pero no podrá hacerlo todas las veces.
Ella notó el temblor de sus dedos cuando sus ojos brillaron de nuevo. Ese bastardo estúpido casi arruina su plan. Todo se iría por el desagüe si la echaban de la empacadora.
Los ojos color avellana le devolvieron la