Eso era nuevo.
Silvia respiró profundamente. Sus ojos recorrieron las cicatrices de su cuerpo. Esas dunas de color avellana que estaban fijadas en el espejo le mostraban el feo reflejo de su cuerpo.
Pero por ahora esas cicatrices ya no eran feas. Se había dado cuenta de que la percepción que tenía de sí misma estaba completamente en su mente. Todo estaba dentro de su cabeza.
La imagen de estas cicatrices cambiaría por completo si pensara en ellas como sus alas de batalla.
Silvia había terminado de odiarse a s