Capítulo 28
Nunca imaginé que volvería a encontrarme con Felipe tan pronto.
Apenas entré a la mansión Benedetti, nuestros ojos se cruzaron. Él estaba de pie junto a una de las ventanas del salón. Se veía palido. Tenía la barba un poco crecida, las ojeras marcadas y la ropa arrugada, como si llevara varios días sin descansar.
Durante unos segundos ninguno dijo una palabra. Sentí un nudo en la garganta, pero seguí caminando hasta donde estaba Carolina.
Ella me abrazó apenas me vio.
—Gracias por v