CAPÍTULO 59
Me quedé paralizada después de la confesión de Manuel.
Lo miraba desde la silla junto a la cama, pero sentía que no estaba en ese lugar, aún sin asimilar como me engañaron.
Manuel lloraba en silencio. Se veía agotado y débil. Aun así, hizo un esfuerzo por buscar mi mano. Dudé un segundo, pero se la di. La tenía helada.
—Quiero morir en paz —me dijo con la voz temblando, apretándome los dedos—. Necesito que me perdones, Carolina.
Sentí un nudo en la garganta. No sabía qué hacer con t