Capítulo 38
Sentía que el corazón me iba a estallar.
Luciano y Giorgio seguían apuntándose con las armas. Ninguno estaba dispuesto a ceder y yo sabía que bastaba un solo movimiento para que todo terminara en una tragedia.
Sin pensarlo, corrí hasta quedar en medio de los dos.
—¡Bajen las armas! —grité con todas mis fuerzas mientras levantaba las manos entre ellos. Sentía las piernas temblando y apenas podía controlar la respiración—. ¡Los dos! ¡Ahora mismo!
Los dos me miraron. Durante unos segun