El mensaje rojo en el espejo le quema los ojos, pero la pasión del veneno en la sangre de Elena es demasiado intensa para resistirse.
El contacto de los tres hombres que la rodean sobre el colchón le envía una ola de placer desmedido. Los dedos de Rafael exploran cada vez más profundo en la parte interna de sus muslos, mientras la caricia suave de la mano de Inigo en su pecho le corta la respiración.
"A dónde van estos ojos tan hermosos, mi amor", sisea Dante, subiéndose a la cama y frenando lo