La alarma de peligro resuena lastimando los oídos, acompañada por el parpadeo de luces rojas que se reflejan con fuerza en las paredes de cristal del laboratorio limpio. La voz mecánica de la computadora del edificio continúa la cuenta regresiva con frialdad: 25... 24... 23...
Un vapor ligero de color plateado empieza a salir por la ventilación del techo, trayendo un olor a almendras amargas que penetra los sentidos: gas nervioso Soman que paraliza la respiración en pocos segundos.
Valeria Alva