Mis parpados caen cuando aspiro una vez más la mezcla de aromas que se envuelven alrededor de nosotros.
Identifico la fragancia salvaje e intesa de Badel.
La picante y tentadora de Aryen.
La suave y envolvente de Lyam.
Sin darme cuenta estoy volviendo a ese pequeño estado de limbo donde sucumbo a mis deseos más candentes, frotando mi nariz contra la piel tersa y caliente del hombro de Badel.
Todos estos músculos bien formados que encajan en esta perfecta definición de hombre maduro y salvajemen