CAPÍTULO CUARENTA Y CINCO
Zara se encontraba en el rincón de su cámara oscura, los ojos entrecerrados mientras uno de sus espías se arrodillaba ante ella, respirando con dificultad, el polvo adherido a su capa por el largo viaje.
—¿Qué viste? —preguntó con frialdad, la voz como hielo.
El espía mantuvo la cabeza gacha.
—Está hecho… la Ceremonia de Compañeros. El Alfa Damian la ha reclamado. Toda la manada fue testigo. La aceptaron como Luna.
La mandíbula de Zara se tensó. Sus puños se cerraron c