CAPÍTULO CUARENTA Y SIETE
Todo empezó de forma pequeña al principio, y luego empeoró cada día.
Dos guerreros —hermanos— se enfrentaron durante el entrenamiento. Un simple paso en falso, un bloqueo mal calculado, y los puños volaron con furia descontrolada. La sangre manchó el suelo antes de que los demás los separaran. Cuando les preguntaron, ninguno pudo explicar la rabia repentina.
—Solo… vi rojo —murmuró uno, con las manos temblando—. Como si algo se rompiera dentro de mí.
Pronto, más comenz