Capítulo Ocho
Creía que conocía el dolor. Creía que entendía el sufrimiento. Pero nada podría haberme preparado para el horror de lo que estaba por venir.
Estaba fregando los pisos fuera del comedor cuando oí los gritos. Agudos y llenos de pánico, resonando por los corredores. Mi cuerpo se tensó, mi corazón latió desbocado mientras alzaba la vista, la sangre helándose en mis venas.
Era la Luna...
Guardias pasaron corriendo a mi lado, con rostros pálidos de miedo. Los sirvientes susurraban en vo