El viento generado por las hélices del helicóptero azotaba el interior de la mansión en ruinas, haciendo volar el polvo de décadas de abandono. Dante parpadeó, cegado momentáneamente por los focos tácticos, mientras su sonrisa arrogante se desmoronaba ante la visión de mi ejército privado bloqueando todas las salidas.
Adrián no perdió un segundo. En cuanto mi voz resonó en la sala, su instinto letal tomó el control. De un movimiento fluido, desarmó a su hermano, pateando la pistola de Dante hac