Mundo ficciónIniciar sesiónEl sol brillaba con fuerza aquella mañana, y su intensidad solo hacía que Indianna se sintiera aún peor mientras caminaba hacia la escuela.
No deberías haber venido, preciosa.
Si no vas a responder mis preguntas, entonces no me hables.
Indianna respondió de inmediato, frunciendo el ceño mientras mantenía la vista fija en el suelo al entrar al instituto.
Ese día tenía la paciencia mucho más corta de lo normal.
—Hola, preciosa.
Indianna se detuvo en seco cuando un chico de cabello castaño se plantó frente a ella.
Levantó la vista, sorprendida.
—¿Eres nueva por aquí? —preguntó el chico.
Indianna sintió un profundo malestar al notar cómo él recorría descaradamente su cuerpo con la mirada.
Ese día no se había vestido tan recatada como el anterior debido a la fiebre que tenía. Llevaba unos shorts y una camiseta de tirantes, pero eso no significaba que hubiera dado permiso para que la miraran como si fuera una presa.
—Estoy seguro de que recordaría a alguien como tú —continuó el chico con una sonrisa presumida.
Él parecía convencido de que era encantador.
A Indianna, en cambio, solo le provocaba desconfianza.
No le gustaba el brillo lascivo de sus ojos.
—Lo siento —respondió en voz baja mientras intentaba rodearlo—. Tengo que irme.
—¿Y tanta prisa por qué?
El chico le sujetó el brazo.
Indianna se puso rígida al sentir el contacto de su piel húmeda y pegajosa.
—Puedo enseñarte la escuela, preciosa.
—Estoy bien, gracias.
Intentó dar un paso atrás.
Pero, de repente, él tiró de ella con fuerza.
El impacto contra el pecho del chico la dejó aturdida por un instante.
Sin embargo, el fuerte agarre sobre su brazo la devolvió inmediatamente a la realidad.
—¡Deberías estar agradecida! —espetó él.
Indianna intentó alejarse todo lo posible.
—Una cosita tan bonita como tú no debería andar sola. Hay tipos muy desagradables por aquí.
—¡S-suéltame! —suplicó Indianna con el corazón desbocado.
Intentó empujarlo.
Fue inútil.
Era mucho más fuerte que ella.
—Necesitas a alguien como yo que cuide de ti, cariño.
Había algo en su tono de voz que hizo que el miedo se apoderara de Indianna.
—P-por favor... —suplicó con la voz temblorosa—. ¡Por favor, suéltame!
—Tú...
El chico fue interrumpido por una voz demasiado familiar.
Indianna levantó la vista por encima de su hombro.
Era Greyson.
Sus ojos estaban clavados en el chico que la sujetaba.
Y estaba furioso.
—La chica te pidió que la soltaras.
El chico soltó una carcajada sin siquiera darse la vuelta.
—Lárgate, amigo. Estoy ocupado.
Greyson guardó silencio unos segundos.
Después arqueó una ceja.
—Gran error —murmuró.
Indianna soltó un jadeo cuando vio cómo Greyson rodeaba el cuello del chico con una mano.
El muchacho se quedó completamente inmóvil.
Al girarse y descubrir quién era, el miedo invadió su rostro.
—Mierda... No sabía que eras tú. Yo...
Greyson apretó un poco más los dedos alrededor de su cuello.
Las palabras murieron en la garganta del chico mientras intentaba recuperar el aire.
—Suéltala —susurró Greyson junto a su oído.
Su voz sonó tan oscura y amenazante que un escalofrío recorrió la espalda de Indianna.
Y ni siquiera le estaba hablando a ella.
El chico la soltó de inmediato.
Indianna dio varios pasos hacia atrás.
Tropezó con alguien y dejó escapar un pequeño grito de sorpresa.
Intentó recuperar el equilibrio, pero volvió a tambalearse.
No sabía si era el miedo o la fiebre lo que la hacía sentirse tan débil.
La persona con la que había chocado la sostuvo antes de que pudiera caer.
—Tranquila —dijo una voz serena.
Indianna levantó la vista.
Se encontró con los ojos amables de Ace.
El amigo de Greyson.
El simpático.
—Tranquila, soy yo. No voy a hacerte daño. ¿Estás bi...?
Ace no terminó la pregunta.
Un estruendo resonó por todo el pasillo.
Indianna giró la cabeza.
Greyson acababa de lanzar al chico contra una fila de casilleros.
El golpe retumbó por todo el corredor.
El muchacho cayó al suelo con un gemido de dolor.
—Amigo... lo siento...
Greyson lo levantó del suelo de un tirón y volvió a estrellarlo contra los casilleros, que ahora tenían una gran abolladura.
—No vuelvas a llamarme "amigo" —espetó Greyson entre dientes.
—¿Qué pasó?
Brooklyn apareció junto a Indianna justo cuando una multitud comenzaba a reunirse alrededor de Greyson y del otro chico.
—¿Estás bien? Tienes cara de haber visto un fantasma.
—Yo...
Indianna volvió la vista hacia Greyson.
Se estremeció cuando él golpeó al chico con un puñetazo tan fuerte que le hizo sangrar la nariz.
—¡Discúlpate con ella! —rugió Greyson.
Todas las miradas se dirigieron hacia Indianna.
Sus ojos se abrieron de par en par.
Su rostro perdió el poco color que aún conservaba.
—¡Discúlpate ahora mismo, Josh, o me aseguraré de que no vuelvas a ver salir el sol! ¡Ahora!
—¡Mierda! —gritó Josh mientras intentaba apartar el brazo de Greyson de su garganta—. ¡Lo siento! ¡Joder, lo siento!
—No me parece que lo digas en serio.
Greyson volvió a apretar.
Josh abrió los ojos de par en par.
El terror era evidente en su rostro.
—¡Sí! ¡Lo digo en serio! ¡Lo siento! ¡De verdad!
—Mejor.
Greyson lo soltó de golpe.
Josh cayó al suelo.
—Ahora desaparece de mi vista antes de que haga algo de lo que no me voy a arrepentir.
Josh se puso de pie como pudo y salió corriendo sin mirar atrás.
Greyson volvió inmediatamente la vista hacia Indianna.
Ella lo observaba completamente paralizada.
Tenía los labios entreabiertos.
Jamás imaginó que alguien pudiera resultar tan aterrador.
—¿Qué? —espetó Greyson de repente al grupo de estudiantes que seguía mirando la escena—. ¡¿Qué están mirando?! ¡Largo de aquí!
La multitud comenzó a dispersarse.
—¿Qué pasó? —preguntó Brooklyn mientras observaba preocupada a Indianna.
—Yo...
Indianna no podía apartar la mirada de Greyson.
Él empezó a caminar hacia ella.
Instintivamente, dio un paso hacia atrás.
—Yo... tengo que irme...
—¡Indie, espera!
Antes de que pudiera darse la vuelta, Greyson le sujetó la muñeca.
Esta vez...
...con suavidad.
—Espera.
—No... no, tengo que...







