Mundo ficciónIniciar sesiónIndianna negó con la cabeza y despegó la cinta adhesiva de la caja.
Levantó la tapa...
Y se quedó completamente inmóvil.
La boca se le abrió al ver lo que había dentro.
Los ojos de Greyson se abrieron de par en par.
De inmediato volvió a cerrar la tapa, ocultando el contenido de la caja de la curiosa mirada de Kimberly.
—Mierda... —maldijo.
Indianna seguía petrificada.
—Indie, dame la caja.
Su tono era firme mientras intentaba quitarle el paquete de las manos.
—¡Indie!
Indianna sentía que no podía respirar.
El mundo entero se había detenido.
Solo existían ella...
Y la caja que sostenía entre las manos.
La caja con...
¡Sugar!
La voz de Greyson resonó en su mente y la arrancó de golpe de su estado de shock.
Indianna dio un respingo y retrocedió tambaleándose.
Greyson aprovechó para quitarle la caja y se la entregó a Ace, quien se alejó rápidamente con ella, llevándose también aquel nauseabundo olor.
—Indie...
La voz de Greyson se volvió mucho más suave.
—Indie, mírame.
La respiración de Indianna salía en jadeos cortos y descontrolados.
Levantó la vista hacia él con los ojos completamente abiertos.
—N-necesito irme...
Greyson la sujetó en cuanto intentó alejarse y la estrechó con fuerza contra su pecho.
—Despacio —susurró junto a su oído.
—G-Greyson... ¡Había una nota! —jadeó, intentando apartarlo—. Tengo que leerla... Tengo que ver quién la envió...
—Ya sabemos quién la envió —murmuró Greyson.
Pero Indianna negó frenéticamente con la cabeza.
—¡No! —exclamó presa del pánico—. ¿Por qué no puede dejarme en paz?
—¿Qué demonios está pasando aquí? —preguntó Kimberly.
Greyson le lanzó una mirada fulminante.
—Cállate y lárgate.
Después volvió a posar las manos sobre los hombros de Indianna.
—Mírame, sugar. Necesitas tranquilizarte.
—¿¡Tranquilizarme!? —estalló ella de repente—. ¡Greyson, ¿cómo esperas que me tranquilice después de ver la c...!
Greyson la besó antes de que pudiera terminar la frase.
Las chispas recorrieron todo su cuerpo, calmando el frenético latido de su corazón.
Pero su mente seguía girando sin control.
No creía que pudiera borrar jamás de su memoria lo que había visto dentro de aquella caja.
Cuando Greyson se apartó, sostuvo su rostro entre las manos y la obligó a mirarlo a los ojos.
—Sugar, tienes que mantener la calma.
—G-Greyson...
Ella cerró los ojos con fuerza.
—Y-yo...
Tragó saliva y bajó la mirada.
Entonces vio una hoja de papel blanca en el suelo.
Frunció el ceño, la recogió y sintió cómo la culpa la inundaba al leer el mensaje.
Es toda tu culpa, sweetheart.
Dame lo que quiero o recibirás más partes de ella.
—R
Indianna soltó un jadeo.
Greyson le arrebató la nota de las manos y la arrugó con rabia.
—¡No te atrevas a creer eso!
—Dios mío... —susurró Indianna.
—Hijo, ¿qué está pasando? —preguntó Mark.
Greyson dejó escapar un largo suspiro y negó con la cabeza.
—¡Kal!
Kal salió de la casa unos instantes después.
Por la expresión de su rostro, Indianna supo que ya sabía lo que había dentro de la caja.
—Llévate a Indie. Distráela o haz lo que sea, me da igual. No dejes que piense en lo que acaba de ver. Estaré con ustedes en unos minutos —dijo Greyson en voz baja.
Kal asintió.
—Vamos, Indie.
Le pasó un brazo por los hombros y comenzó a alejarla.
Sumida todavía en el shock, ella no opuso resistencia.
—Ah, y llévate también a la mocosa —añadió Greyson mirando a Kimberly.
Ella abrió los ojos con indignación.
—¡Greyson! —lo reprendió Laura.
—Mamá, ahora no es el momento. No estoy de humor. Kimberly... muévete.
El tono helado de Greyson hizo que Kimberly tragara saliva.
Sin decir una palabra más, siguió a Kal e Indianna hacia el interior de la casa.
—K-Kal... Tengo que... —Indianna dejó de caminar y las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos—. Tengo que volver...
—No, no tienes que hacerlo.
Kal la condujo hasta la sala de estar.
Con cuidado, la hizo sentarse en uno de los sofás y tomó asiento a su lado.
Kimberly entró detrás de ellos, pero ambos la ignoraron por completo.
—Estás en estado de shock. Solo necesitas calmarte.
—¿Puedes culparme? —jadeó Indianna mientras se pasaba una mano por el cabello—. Todo es por mí...
Cerró los ojos.
—Él me quiere a mí.
—¡Ni se te ocurra pensar eso! —la reprendió Kal—. Indie, Greyson montaría un berrinche monumental si alguna vez te fueras de su lado. Y cuando digo monumental... me refiero a que alguien acabaría muerto.
—Pero no va a detenerse... —sollozó Indianna mientras abrazaba sus rodillas contra el pecho—. Kal...
—Shhh...
Kal la rodeó con un brazo en un gesto fraternal y reconfortante, acercándola contra su pecho.
—No te lo guardes. Llora si lo necesitas. Te prometo que no voy a llamarte llorona... ni te lo recordaré por el resto de tu vida.
A Indianna se le escapó una risa débil y miserable.
Después, las lágrimas comenzaron a caer.
Y ya no pudieron detenerse.
No lograba sacar de su cabeza aquella espantosa imagen.
La de C...
—Hijo... ¿qué había en la caja? —preguntó Mark.
De repente, Indianna dejó de estar sentada junto a Kal en la sala.
Volvía a estar afuera, frente a Mark y Laura.
Aunque, en realidad...
No era ella.
Era Greyson.
Una vez más, estaba viendo el mundo a través de sus ojos.
—Rogue es un monstruo —dijo Greyson apretando los dientes—. Tenemos que detenerlo antes de que siga haciéndole daño a Indie.
—Greyson... —dijo Laura con suavidad—. ¿Qué había en la caja?
Greyson soltó un suspiro cargado de rabia y maldijo entre dientes.
—Ace tiene la caja. Vamos a deshacernos de ella antes de que Kimberly la encuentre. No puedo creer que la hayan traído aquí en medio de todo esto...
—¡Greyson! —lo interrumpió Mark con un grito—. ¿Qué van a hacer desaparecer? ¿Qué había en esa caja?
Greyson volvió a suspirar y negó lentamente con la cabeza.
—Una cabeza.
Hizo una pausa.
—La cabeza de Cassie.







