Mundo ficciónIniciar sesiónCuando Indianna no respondió, Greyson continuó hablando.
—Sabes que no era el mismo lobo...
—¿Podemos dejar de hablar de eso, por favor? —lo interrumpió ella con cansancio—. Pasé la mitad de la noche soñando con ese maldito lobo. No quiero volver a pensar en él.
—Toma.
Greyson le tendió una botella de agua.
—Bébela.
Indianna la observó con desconfianza.
—¿Para qué?
—Para que puedas tomarte los analgésicos que guardaste en tu mochila.
Ella levantó la vista de golpe.
—¿Cómo...? Ah, claro. Estás dentro de mi cabeza.
Greyson sonrió apenas.
—¿Cómo te sientes hoy, Indie?
Indianna cruzó los brazos.
—Todavía me debes respuestas, Greyson.
—Yo hice la pregunta primero.
—Anoche me prometiste que responderías a mis dudas. Ibas a contarme más antes de que nos interrumpieran.
Greyson fingió pensarlo unos segundos.
—¿De verdad?
Ella le lanzó una mirada fulminante.
—Sabes perfectamente que sí.
—Estoy seguro de que puedes seguir teniendo un poco más de paciencia, preciosa.
Indianna entrecerró los ojos.
—¿Siempre has sido tan insoportable o solo sacas tu lado más idiota cuando estás conmigo?
Greyson sonrió con satisfacción.
—Ahí está otra vez ese carácter del que tanto hablo.
—¡Greyson! —exclamó ella, perdiendo la paciencia—. ¡No estoy de humor! Por favor, dame de una vez las respuestas que prometiste o déjame en paz. Elige una de las dos. Respeta lo que quiero, porque esto... esto ya empieza a ser cruel.
Greyson la observó en silencio durante unos segundos.
—Nunca he dicho que sea una buena persona, Indianna. Así que, si crees que llamarme cruel hará que cambie de opinión, te equivocas.
Ella soltó una risa amarga.
—¿Ni siquiera te importa que me estés haciendo sentir miserable?
Greyson redujo la velocidad y estacionó frente a una cafetería.
Apagó el motor y se giró para mirarla.
Sus mejillas estaban enrojecidas y sus ojos ardían de frustración.
—No tanto como te gustaría.
Indianna lo miró incrédula.
—¿Cómo puedes vivir tratando así a la gente? ¿Es que no te importa nadie?
Greyson se inclinó lentamente hacia ella.
La cercanía la tomó completamente por sorpresa.
—Sí me importas tú, preciosa.
Su voz era baja.
Serena.
—Lo que no me preocupa ahora mismo son tus sentimientos... porque sé que cambiarán cuando conozcas toda la verdad.
Indianna negó con la cabeza.
—Estás completamente trastornado.
Su voz apenas fue un susurro.
—No puedes decir que te importo. Apenas nos conocemos.
Greyson sonrió de lado.
—Yo estoy dentro de tu cabeza, ¿recuerdas?
Acercó un brazo y apoyó la mano sobre la puerta, dejándola prácticamente atrapada entre él y el asiento.
—Pero tú no estás dentro de la mía.
Sus ojos oscuros se clavaron en los de ella.
—Así que no tienes la menor idea de lo que siento por ti.
Indianna tragó saliva.
—Greyson...
Su voz tembló.
—Por favor... deja de hacer esto. No sé cuánto más voy a poder soportarlo.
Él sonrió apenas.
—Puedes aguantar un poco más.
Despacio, levantó la mano y deslizó las yemas de sus dedos por la mejilla de Indianna.
Un escalofrío recorrió toda su piel.
—Grey...
Él estaba tan cerca...
Podía sentir el calor que desprendía su cuerpo.
Ver las pequeñas motas azul claro escondidas en sus ojos.
Percibir el aroma de su colonia.
Todo en él era una distracción.
—Detente...
susurró ella.
—Quiero que...
—¿Qué quieres?
Los dedos de Greyson se perdieron entre su cabello, enredándose suavemente en sus mechones castaños.
Indianna se mordió el labio y cerró los ojos.
Intentó concentrarse.
Intentó pensar con claridad.
Pero Greyson nublaba todos sus sentidos.
—¿Qué quieres, preciosa?
Ella negó con la cabeza.
No pensaba responder.
—Mírame.
Indianna abrió lentamente los ojos.
En cuanto sus miradas volvieron a encontrarse, sintió algo completamente desconocido.
Un cosquilleo profundo en el estómago.
El corazón acelerado.
Un impulso casi irresistible de acercarse aún más.
De dejar que él la tocara.
De olvidar todo lo demás.
—¿Qué quieres? —repitió Greyson.
Ella volvió a negar.
Mantuvo los labios firmemente cerrados.
—¿Por qué te empeñas en negar la verdad? Sé perfectamente lo que sientes, preciosa. Solo quiero que seas capaz de admitirlo.
Indianna respiró hondo.
—¿Odio?
No era toda la verdad.
Pero tampoco era una mentira.
Greyson sonrió.
—Hay una línea muy fina entre el amor y el odio.
Sin darse cuenta, Indianna bajó la mirada hacia los labios de Greyson.
No podía apartar los ojos de ellos.
Sintió un impulso irracional.
Uno que le gritaba que redujera la poca distancia que aún los separaba y...
No.
Ella no quería a Greyson.
Lo odiaba.
¿Verdad?
Entonces...
¿Por qué deseaba besarlo?
Greyson lo sabía.
Y admitirlo, aunque solo fuera para sí misma, hizo que quisiera gritar de frustración.
Greyson fue el primero en romper el momento.
Se apartó lentamente.
—Será mejor que entre por ese café o llegaremos tarde.
El frío la golpeó en cuanto él dejó de estar tan cerca.
Como si alguien hubiera roto una burbuja invisible.
Parpadeó varias veces, todavía aturdida.
Greyson ya estaba fuera del coche.
Antes de cerrar la puerta, señaló la botella de agua.
—Tómate esas pastillas, preciosa. Te ayudarán con la fiebre.
Le dedicó una sonrisa descarada.
—Estás muy caliente... aunque no exactamente de la forma que a mí me gustaría.
La puerta se cerró con un golpe seco.
Indianna hizo una mueca y siguió con la mirada la figura de Greyson mientras entraba en la cafetería.
Permaneció inmóvil durante unos minutos.
Después levantó lentamente la mano y rozó sus propios labios con la punta de los dedos.
Había estado a un suspiro de hacer algo de lo que seguramente se arrepentiría.
Y, lo peor de todo...
No podía asegurar que no volvería a ocurrir.
Para su sorpresa, Greyson no puso ninguna objeción cuando llegaron al instituto.
La dejó bajar del coche sin intentar detenerla.
Indianna prácticamente salió corriendo escaleras arriba, evitando las miradas curiosas de los demás estudiantes.
Consiguió sobrevivir a las clases de la mañana y, durante el almuerzo, volvió a refugiarse en la biblioteca.
Estaba sentada en el suelo, entre dos estanterías, con un enorme libro de t***s de cuero abierto sobre las piernas.
Había pensado sentarse en una mesa.
Pero estaba demasiado cansada para seguir caminando.
No era el tipo de lectura que solía escoger.
Sin embargo, el aspecto antiguo del libro había despertado su curiosidad.
Alguien lo había dejado tirado en el suelo de forma descuidada.
Parecía un viejo compendio sobre leyendas, criaturas míticas y cuentos oscuros.
Terminó el capítulo dedicado a los vampiros y puso los ojos en blanco antes de seguir pasando páginas.
Entonces un título llamó su atención.
Hombres lobo.







