—Significa que tu farsa se terminó, Elena —sentenció Victoria, dando un paso más hacia el sillón con la postura rígida y los puños apretados.
La abuela Martha se interpuso de inmediato entre su nuera y Victoria, golpeando el suelo con su bastón. Su rostro anciano, por lo general pacífico, se tiñó de una severidad absoluta.
—¡Suficiente, Victoria! No voy a tolerar que vengas a gritar de esa manera en esta casa, y mucho menos frente a una mujer embarazada —reprochó la anciana, sosteniéndole la mi