—Todo lo que está escrito ahí es cierto, madre. Nuestro matrimonio, al principio, no fue más que un contrato.
La voz fría y monocorde de Diego seguía resonando en los oídos de Victoria mientras salía del despacho. Sin embargo, sus pasos se detuvieron de golpe en el corredor. Un grito ahogado proveniente de la sala principal desgarró el silencio de la mansión, interrumpiendo la tensión que acababa de instalarse.
—Diego... me duele... me duele mucho el vientre...
La voz ronca de Elena sonó entrec