—Cásate con Monika cuanto antes, Diego, y deja que esa chica llamada Elena se quede en tu mansión hasta que dé a luz —dijo su madre, rompiendo el silencio tenso que se había apoderado del gran salón de la familia Alvarez.
Diego no respondió de inmediato. Caminó de regreso al sofá y tomó asiento cruzando una pierna sobre la otra, mostrando una serenidad que, lejos de tranquilizar, resultaba intimidante. Sus ojos fríos como el hielo se clavaron directamente en su madre, quien en ese momento acomo