Capitulo 36
¡¿Diego?!

Elena abrió los ojos de par en par y, por reflejo, se subió la gruesa manta hasta el pecho. Su voz aún sonaba pastosa, típica de alguien que acaba de despertar de un sueño profundo. Su corazón latía con fuerza, no por culpa de una pesadilla, sino por la presencia del hombre que se encontraba en su habitación. —¿Desde cuándo estás sentado ahí?

El interpelado no respondió de inmediato. En la penumbra de una esquina, junto a las cortinas que aún no se habían abierto por completo, Diego
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