El silencio en el último piso del edificio Alvarez Group se rompió cuando las grandes puertas de roble de la oficina del CEO se estrellaron contra la pared. Mónica entró con pasos que resonaban con fuerza, cargando un aura de hostilidad. En su mano, apretaba una carpeta roja con documentos que debían haber sido firmados hace horas.
—Firma esto ahora mismo, Diego —ordenó Mónica sin preámbulos, con voz aguda y exigente. Sus ojos recorrieron la habitación y, al ver el escritorio vacío de la asiste