Cuando Alfa Michel centra la mirada en mi, y me llama por mi nombre, siento una inmensa gratitud hacia la diosa Luna, que me ha permitido vivir el tiempo suficiente para llegar hasta aquí. De verdad pensaba que iba a morir en este asqueroso agujero en el que el mundo no parece ser el mismo, y en el que no hay normas, ni moral; solo las leyes de Beau Anders.
Me lanzo hacia Alfa Michel, y al principio me siento rara, el contacto con otro ser vivo, después de lo que he pasado en esta celda, es ext