Mi puerta se ha abierto, y por una vez no viene a buscarme el monstruo que ha estado torturándome desde hace meses. Ni siquiera he sido capaz de distinguir el olor de alguien nuevo al entrar, y eso que mi olfato es el de una loba. No comprendo qué me ocurre, mis sentidos están atrofiados, apenas puedo moverme, y cuando al fin levanto la cabeza en busca de la voz de Bella, mi compañera de celda, ella me mira como si tuviera varias cabezas. La miro fascinada, porque durante muchos días, al escuch