El bar estaba situado en las entrañas de la ciudad, en una callejuela oscura y poco transitada. La fachada de madera desgastada, con las letras "La Taberna antigua" pintadas a mano, dejaba entrever que no era un lugar muy concurrido por los lugareños.
No obstante, al entrar, el ambiente era otro. Todo estaba iluminado por lámparas de aceite que colgaban de las vigas del techo, creando sombras danzantes por toda la estancia. El techo estaba cubierto de un entramado de madera tallada con detalles