El viaje de regreso desde el helado Norte fue oscuro y completamente silencioso. Silas conducía el camión a través de la densa niebla. Estaba perfectamente inmóvil, como un rey que sabía que su corona estaba cubierta de sangre. Las venas oscuras del virus trepaban cada vez más alto por su mandíbula, pero sus manos permanecían congeladas en el volante.
No regresaron a los pisos principales de la fortaleza. La rebelión del Consejo había convertido esos pasillos en una trampa. En su lugar, Silas l