Los acantilados del este estaban helados, pero el viento gélido se sentía limpio en comparación con el polvo asfixiante del lugar que acababan de dejar atrás. Silas y Valerie lograron colarse de nuevo en los niveles inferiores de la fortaleza central a través de un conducto de mantenimiento olvidado. Caminaron en absoluto silencio. La cura le había salvado la vida a Silas, pero había destruido cualquier atisbo de confianza que se estuviera construyendo entre ellos. Valerie mantenía su distancia