Karol
El silencio de la habitación no era realmente silencio, era de esos que parecen estar cargados de cosas que nadie se atreve a decir en voz alta, como si la casona entera estuviera conteniendo la respiración conmigo dentro de ella. Me quedé sentada en el borde de la cama, mirando el techo sin realmente verlo, mientras la mente me repetía la misma frase una y otra vez hasta volverse molesta: me quieren fuera del tablero. O dentro, dependiendo de quién estuviera hablando. Y lo peor era que,