Karol
Siempre pensé que los finales eran una mentira.
No porque no existieran, sino porque la vida tiene una costumbre bastante fea de seguir andando cuando una cree que ya terminó de entenderlo todo. Uno cierra un capítulo, respira aliviado y cinco minutos después aparece otro problema, otra sorpresa o algún idiota que te cambia los planes.
En mi caso, ese idiota tenía nombre y apellido.
Logan.
Sonreí para mí misma mientras terminaba de colocar las flores blancas en el centro de la mesa del ja