El silencio después de sus palabras no fue normal, no fue de esos silencios cómodos que se rompen con una risa o con una excusa cualquiera, fue uno de esos que se te meten en la piel y te obligan a quedarte quieta aunque por dentro quieras salir corriendo. Logan seguía frente a mí, demasiado cerca otra vez, como si la habitación se hubiera encogido de repente o como si él simplemente ya no supiera respetar distancias cuando estaba conmigo.
Yo debería haber abierto la puerta en ese momento. Debe